LA AUDACIA DE LEER

Reseña para edición anticipada

Puedo decir que es la lectura que más trabajo me ha dado. La comencé con ganas, realmente, el título me pareció atractivo. El inicio conectaba con las expectativas para  el tiempo, en cierta forma épico, que nos tocaba vivir al comienzo del aislamiento en este año de pandemia.

Primeras dudas

En parte con las historias de vidas difíciles que cuenta el narrador, validaba esa primigenia empatía.  A poco tiempo empezaron a saltarme a la vista la iteración, los latiguillos, las definiciones, y eso, confieso, comenzó a molestarme. Al principio creí que era error de la aplicación en el celular al pasar las hojas, eso de  leer dos veces el mismo pasaje. Luego, descubrí que las citas de inicio del capítulo estaban textuales dentro de él. Dos veces, el mismo texto dentro del capítulo, así pues, se llega a 282 páginas y casi 30 capítulos, incluyendo lista de temas, de encuentro con celebridades y álbum de fotos también. Vengo acostumbrada a frase célebres, pasajes de renombrados autores que van de acuerdo al contenido que se desarrolla, que lo apuntalan, orientan pero no estoy habituada a que sean exactas  las mismas palabras del autor, como si fuera un #spoiler.

El contexto en que se lee

El primer tercio, me dejó un sabor amargo y una gran duda: ¿era un libro de autoayuda, una biografía escrita por su propio autor, un libro de máximas, una carta abierta o todo eso junto? Según se define así mismo, en forma humilde y sin autobombo ni pretendiendo dejar legado, vale. Pues entonces empecé a indagar. La búsqueda del autor me dejó perpleja y revisando mis criterios al momento en que elegí este libro para leer. Probablemente la abstinencia de lectura, sumado al cambio de modo durante el aislamiento, la alta expectativa que dejó el último libro y un empuje hacia la espiritualidad,  me dejó en un estado de vulnerabilidad a un título interesante y un mail escueto. Venia pegándole bien al gusto con las reseñas anteriores. 

Para paliar la situación, que ya se estaba dilatando con tan poca gana ponerme a leerlo y  sabiendo  que debía terminarlo para liberarme, me puse a ver el índice de capítulos. ¿Para qué?  El hecho de ver que eran todos tan cortos y tantos, sabiendo ya que traían párrafos repetidos, y algunos  ampliaciones de temas ya tratados.  Hasta el relato de su propio contexto familiar, se sintió un guiño forzado al feminismo, la gesta del taller de modas, solo la primera parte me pareció bien, pero  al referir  a eso por cuarta o quinta vez me resultó un hastío y una deliberada reminiscencia al estilo del tiempo entre costuras.

Rescatando lo positivo

De todo el texto rescato, el relato del matrimonio joven, la gesta en la administración de salud que era un área novedosa en dicho tiempo, sumado a la pérdida de un hijo y la creación de una fundación en su nombre para ayudar a otros  en igual situación. Esos tramos me parecieron adecuados y bien relatados. Al  igual que la situación de crecer juntos, tanto los padres jóvenes, como los hijos nacidos antes y después. Es decir el orden, la crisis y la recomposición de la dinámica familiar, más allá del dolor. Esta parte es la faceta intima, diría el real testimonio; y, posiblemente, un legado valioso.

El contexto global y los sexagenarios

A una generación que nace, crece y se reproduce entre un mundo donde la innovación es la bandera y escribe el texto un emprendedor la rapidez en la sustitución técnica no debiera sorprenderle tanto, pues, han cambiado dispositivos desde la época de la imprenta, y aquí estamos leyendo un libro.  La revolución se da en la información,  ahí si le valido la cita que evoca la basta accesibilidad a la información y la cantidad de mentiras publicadas. Todas las gotas de agua que hacen al océano son distintas, iguales y únicas, es un colectivo que lo compone pero no lo determinan. El océano es, pues, más que la suma de las gotas de agua que lo forman, por seguir con las alegorías acuáticas. Aquí no se si le escribe a un audiencia determinada o tanto a sexadolescentes como a milenial y centenials para traducirles cómo fue su tiempo o explicarles como es el de ellos.

La división del legado

Por mi parte, hubiera hecho tres libros del texto, cada uno con no más de 6 capítulos algo más extensos que los del  libro en cuestión.  Un manual de emprendedor, con sus logros en la administración de salud, la fundación y la faceta deportiva. Una guía para sexadolescentes, un  acercamiento al mundo que los rodea y cambia permanentemente, incluyendo la guía de cómo ser abuelo en estos tiempos que corren con frenesí. Finalmente un diario íntimo, en el cual iría  con su colección de frases, resúmenes de encuentros con celebridades, selección musical  y álbum de fotos.

La audacia de puntuarse

Su audacia de escribir me genera más respeto por el escritor que hace de las letras su profesión habitual. Pues nadie está impedido de serlo. Con agrupar palabras en oraciones coherentes basta y probablemente un fin loable como ayudar a una fundación sean mérito suficiente en esta sociedad de la información en la que se dicen tantas cosas. Y quizás, justamente por ello,  ahora revalorizo el rol del narrador y el valor del relato, y quizás el ejercicio más difícil sea ponerse en los ojos del lector pero del lector adverso, como yo.  Que tuvo que pasar hoja por hoja para hacer la reseña y poder recibir la próxima, no es lo mismo que dejar un libro abandonado en la biblioteca. Así pues, no me queda más que citar al autor porque hay algo de conocimiento en sus propias palabras siendo una autobiografía lanzada en una cena benéfica para la fundación creada luego de la muerte de su hijo: “demasiadas veces nos auto-disculpamos con benevolencia” oración seguida dice: “pero si tuviera que ponernos una nota, me atrevería, y perdonad la petulancia, con notable alto

Como él ya se ha puntuado solo me queda publicar la reseña contando mi experiencia y como diría Charly García: Say no more.

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