Diarios de viaje – Bitácoras personales

¿Alguna vez compraste un cuaderno de viajes?

Son tan lindos esos cuadernos nuevos, que ya vienen con formatos pre armados, íconos típicos de viajes de alguna ciudad, mapas de papel doblado o incorporado en contratapas. Son idílicos, no solamente por lo lindo sino que nunca tenemos el tiempo de completarlos plácidamente porque estamos exprimiendo el escaso tiempo de vacaciones. O en otros casos mezclando con trabajo o estudio, lejos están esas épocas de viajes estivales, o de meses en los recesos académicos como de pequeños o adolescentes se disfrutaba del ocio. Escaparse una semana o diez días y visitar más de una ciudad no deja tiempo para mucho, salvo que uno se interne en un hotel todo incluido caribeño simplemente a “lagartear”,  tomar cocteles bonitos, y sumarse a cuanta clase implique danza a la vera del curso agua o la playa. A veces precisamos de esas vacaciones, otras de unas tipo expedicionarios con pocos puntos organizados y librando más el recorrido al azar.

Modalidad viajera

Como se organizan, eligen los destinos, los transportes, vuelos y escalas, depende mucho de si se viaja solo, acompañado, en pareja, en grupo reducido con gente conocida o “a conocerse” en el viaje y los multitudinarios hiper-organizados. Claramente, en plan de  todo controlado algo puede salir mal, como  exactamente puede ocurrir, en el caso opuesto. Porque estar de viaje no nos exime de la vida, y si los transportes  de grandes distancias, antes de la pandemia, podían ser tan predecibles como los rutinarios al trabajo o el estudio, no eran 80 días en globo, ni el oriente exprés, ni navegar por el Nilo al estilo novela Agatha Christie.

Bitácoras, eran las de antes…

En esa época de viajes, que intento evocar, las bitácoras eran necesarias, o más bien, obligatorias. Escribir el diario de abordo, es una tarea del capitán, sustituida por las famosas cajas negras, debido a  razones de duración  en los viajes aéreos, que solo reflejan cuestiones técnicas y de cabina.  Esos diarios de travesía, nos trajeron historias muy interesantes desde los viajes de descubrimientos, relatos de encuentros con nuevas civilizaciones, aventuras por supervivencia sea contra el clima, los recursos y su falta, o las circunstancias de los nuevos territorios. Cuando el mundo ya es bien accesible, a su conocimiento por el mágico recurso de internet que te permite ver en tiempo real muchas cosas, el viaje empieza a mutar hacia modos diferentes, tipos de experiencia, a redescubrirse y hasta se mira afuera del planeta tierra con muchas ganas. Lo importante, y a lo que voy con todo este preludio, es al registro metódico de la bitácora, piedra angular de muchas crónicas.

Organizando la estadía

Cuando planeaba mi viaje a Nueva York, el más comunitario que realicé hasta ahora, durante un tiempo recabe los tips, recomendaciones en forma genérica. Cuando tuve fecha y se definió la estación empecé a dejar de lado, por obvias razones ciertas excursiones que requieren del otoño o del invierno para realizarse. Luego con guías de viaje en mano, me refiero aquí al soporte papel- empecé a ver dónde hospedarme, ahí las opiniones empezaban a ser divergentes, finalmente se resolvió por dos opiniones muy fuertes: lo que quería y lo que podía. Dos variables establecidas, me daban la posibilidad de empezar a planear las actividades y aun así, de repente la cantidad de cosas a hacer o lugares a visitar se multiplicaban muy rápido. La oferta es tan amplia que a veces ir con una moneda para tirar cara-seca y elegir si derecha o izquierda pareció una buena recomendación. Me fue muy útil armarme un mapa digital de la ciudad e ir guardando los lugares que me interesaban, así rápidamente uno tiene todo a la mano y con un poquito de wi-fi puede saber si el museo que está a 5 cuadras seguirá abierto,   si mejor caer en la tienda X, o ya que estoy por acá puedo acercarme a probar tal local de comidas…

Del centro de copiado con el que trabaja la empresa, nos regalaron hace un tiempo (allá por el 2012) un organizador semanal, ya las últimas páginas las usaba de borrador, y se me ocurrió un mes antes del viaje, un fin de semana tranquilo, tirar opciones en ese organizador con los días. Llegaría un domingo, al mediodía, el check-in era tarde así que dejar valijas y recorrer alrededores del hotel, sería lo apropiado. Me habían prestado una guía que es como  un juego de cartas, con propuestas de recorridos a pie por los barrios y los lugares destacados que recomendaban, cuestión de llevar solo dos o tres cartas y no andar cargando mucho peso como expedicionario con larga vista (binoculares). Así fui armando un plan, sabia de actividades por celebración de primavera en la Isla, clase de yoga en tal parque, y así. Dejaría el último día para compras, dos tardes para el Met, encima se sumaban nuevas atracciones como The Vessel: https://www.hudsonyardsnewyork.com/discover/vessel. Esas notas orientativas, porque me dejé margen para “variaciones” y las consultas con locales a través de coachsurfing, viajaron conmigo en el estuche de documentación de viaje, junto con el pasaporte y visa correspondiente, los tickets aéreos y reservas.

Como un mensaje en una botella tirada al mar

La vida te cambia los planes, a veces te ofrece mejores y otras te deja espacio para los suyos y los tuyos readaptados. No toqué mis notas, hasta el aeropuerto de regreso estuvieron  en el estuche como viajaron. En el hotel me dejaron un taco de papel y birome por lo cual durmieron con el pasaporte en la caja de seguridad casi toda mi estancia. En ese momento que se te junta la nostalgia con no querer soltar lo que acabaste de vivir. Matando el tiempo hasta abordar al regreso, empecé a sobre escribir  lo que realmente había pasado cada día como un diario con notas y comentarios al margen. Al volver tampoco las saqué, quedaron en el estuche con todos los tickets, y postales y panfletos que recibí. Hace unos meses, en el ataque de orden que devino del encierro, en afán de deshacerme de cosas, encontré las notas y me agradecí el haberlas olvidado. Se convirtieron en anécdotas, en disparadores de recuerdo porque contienen el plan que no fue y la realidad que sucedió. Gracias a esas bitácoras, se vendrán varios artículos más. Mi recomendación para el próximo viaje, déjate en la mochila que no despachas al regreso, un anotador simple y una birome, en las alas de la nostalgia cuando el recuerdo aún está tibio, escribí a mano tus notas del viaje. Algunas cosas se esconden de uno en las nieblas de la memoria con el paso del tiempo, hay momentos que creemos no vamos a olvidar que se desvanecen porque no cargamos con tantos recuerdos sino con elementos que nos hacen recordar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *